¿Por qué quejarse?

La queja sale de forma natural, se desliza como un comentario.
Poco a poco macera y se convierte en bravuconearía y “Quejío”.

¿Cuál es su sentido biológico que la hace terriblemente irresistible? He aquí la respuesta: Descarga mental y física, sin compromiso que aligera las penas. Es como aquel que va al fútbol a acordarse de la madre del arbitro, por el simple gusto y placer de desahogarse. Por el momento sientes alivio, pero poco a poco durante la semana vas recargando el cabreo para poder descargar y empezar de nuevo este ciclo incesante.

Ooooh Queja!! Queja que lo envuelve todo!! Descargamos frustración allá donde vamos, desaprovechando tus finos placeres, cuando podríamos estar dando sentido práctico a tu duende…
Ya puestos, que más da hacerlo en la oscuridad del tragaluz que nos brinda el Facebook o en una barra de un bar cualquiera. ¡¿Por qué?!  ¿Por qué no hacerlo por los correspondientes cauces  burocráticos que rara vez nos llevaran mas tiempo que el invertido en el chascarrillo…?
Quizás vuestra mente desaforada os diga y prevenga,
y en su truculento juego os haga dudar con la simple pregunta:
– ¿Para qué?
¡¡Pero que más da!!
Si vale para lo mismo para lo que ya la estas usando. Una queja que se pierde si o si, por otra que se pierde en un tramite burocrático. Misma tragedia, mismo latrocinio, misma perdida, de queja y tiempo, pero en una es infinito el tiempo… y en la otra, quizás seamos capaces de persuadir la mente del que tiene el poder de cambiar.
Noooo!! No malgastes tu talento, recicla tu ripio, tu solea, no desperdicies tu “Quejío”.

Conclusión:

¡¡Arriesga!!
No te gusta algo, dilo.
Te gusta algo, persíguelo…
Crea, sueña, proyecta, construye, mejora.
Crea voluntad en el otro,
enseña, motiva, haz soñar.